Los nuevos ricos


XXXI Domingo del Tiempo Ordinario


Primera lectura: Sabiduría 11, 22-12, 2.

Salmo 144.

Segunda lectura: 2ª Tesalonicenses 1, 11- 2, 2.


EVANGELIO

Lc 19, 1-10.


Los nuevos ricos

30 de octubre de 2022

Siria. Teatro romano de Bosra.


Nota: Si prefieres oír el texto del comentario que sigue, haz click aquí.


Entró Jesús en Jericó y empezó a atravesar la ciudad.


En esto un hombre, llamado Zaqueo, que era jefe de recaudadores y muy rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era de baja estatura. Para verlo se adelantó corriendo y se subió a una higuera, porque tenía que pasar por allí.


Al llegar a aquel sitio, levantó Jesús la vista y le dijo: ‑Zaqueo, baja en seguida, que hoy tengo que alojarme en tu casa. El bajó enseguida y lo recibió muy contento.


Al ver aquello murmuraban todos: ‑¡Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador!

Zaqueo se puso en pie y le dijo al Señor: ‑Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien le he sacado dinero se lo restituiré cuatro veces.


Jesús le contestó: ‑Hoy ha llegado la salvación a esta casa; pues también él es hijo de Abrahán. Porque este hombre ha venido a buscar lo que estaba perdido y a salvarlo” (Lc 19,1‑10).


“Se busca” es el encabezamiento de un conocido cartel de los años setenta, que representaba el rostro de Jesús de quien se hacía esta descripción: “Amigo de vagos y maleantes; demagogo provocador del pueblo; compañero de borrachos y gente de mal vivir; fuera de la ley; agitador político; elemento subversivo para el orden constituido”. El texto terminaba ofreciendo una recompensa por su captura.


Este cartel resultó incómodo no sólo a los cristianos, sino también a muchos ciudadanos de bien, que lo consideraron “una falta de respeto, una provocación e incluso, en su caso, una presentación blasfema de Jesús”. La reacción de esta gente nos transporta a la sociedad en que vivió Jesús. También entonces su persona y su comportamiento despertaban semejante reacción. Por una sencilla razón: Jesús no sólo dirigía su mensaje a los marginados de la sociedad judía, sino que hacía de ellos el centro de su misión; más aún, se les asemejaba conviviendo con ellos.


No es de extrañar, por tanto, que el cartel resultase también incómodo a la Iglesia, cuyos objetivos pastorales prioritarios no eran los marginados, y cuyo internacional‑catolicismo no ha arraigado ni en las masas obreras, ni en las capas inferiores de la sociedad. Por eso no está de más volver la mirada hacia los inicios del movimiento cristiano y redescubrir que la imagen de Jesús, que ofrecía aquel cartel, no era tan descaminada como se pretendía. Destacaba uno de los rasgos más acusados de la personalidad del Maestro: su solidaridad con los marginados y excluidos de la sociedad, con los “oficialmente pecadores”, con recaudadores, prostitutas y toda clase de enfermos y poseídos del demonio. El evangelio de hoy es un buen ejemplo de lo que digo.


Buscar lo perdido o el caso de Zaqueo

La misión de Jesús consistía en “buscar lo perdido para salvarlo”. “Lo perdido”, en este caso, era Zaqueo, cuyo nombre, derivado del hebreo zakkay, significa “puro, íntegro, inocente, justo”. Ironías de la vida, pues nadie lo consideraba tal.


Zaqueo era jefe de recaudadores, judío colaboracionista con los romanos. Los recaudadores tenían merecida fama de ladrones, pues cobraban, por lo general, más de lo que estaba tasado, enriqueciéndose de este modo. La figura del recaudador, aunque fuese de nacionalidad judía, era el símbolo del renegado y mercenario al servicio del poder despótico de Roma, nación extranjera que obligaba a los judíos a pagar pesadísimas cargas económicas. Zaqueo se había enriquecido a costa de la miseria del pueblo sometido. Tal vez por eso, irónicamente, se dice que “era bajo de estatura”, o lo que es igual, que no daba la talla, que diríamos, o que no tenía la altura adecuada para poder ver a Jesús.


Jesús se auto-invita

Para verlo, Zaqueo se subió a una higuera, curiosamente símbolo de Israel y de la institución judía, que lo consideraba impuro y pecador. Lucas juega en este texto con el valor simbólico de las imágenes. Pero es Jesús quien lo ve y le manda bajarse, no fuera que se afianzase equivocadamente en la institución religiosa a la que se había encaramado. Y le dice: “Hoy tengo que alojarme en tu casa”, escandalizando a los presentes que consideraban a Zaqueo un pecador. Al auto-invitarse, Jesús pasó a formar parte también del grupo de los oficialmente pecadores o impuros.


El hecho de que Zaqueo fuese considerado pecador, por ladrón y colaboracionista, no impidió a Jesús entrar en su casa a comer con él. En el transcurso de aquel encuentro, Zaqueo sintió deseos de cambiar: se comprometió a dar la mitad de sus bienes a los pobres, -el máximo de la espontánea limosna estaba fijado por los rabinos en el quinto del haber‑, y a devolver el cuádruplo de lo robado, ‑el libro del Levítico prescribía sólo la obligación de devolver el 20 %, esto es, una quinta parte-. Por supuesto Zaqueo se comprometió mucho más de lo que las leyes exigían, mostrándose dispuesto a luchar por una sociedad más justa, él que era el símbolo de la injusticia.


La práctica de Jesús de dirigirse a los marginados de la religión oficial o de la sociedad (recaudadores, leprosos, enfermos, prostitutas, ladrones) no fue infructuosa, como lo muestra el caso de Zaqueo. Pero el precio de esta práctica lo pagó Jesús al ser considerado uno más de ellos. Otro gallo le cantaría a la Iglesia si se decidiera, de una vez para siempre, a cambiar de táctica centrando sus objetivos pastorales prioritarios en los marginados. Sólo así podrá ser fiel a la misión de Jesús que vino a salvar lo perdido, pues “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos” (Lc 5,32).


Los nuevos ricos milmillonarios

Me vuelvo ahora a nuestro mundo y busco en internet la lista de los más multimillonarios del planeta para ver a cuánto alcanza su fortuna. (Esta lista puede leerse con detalle al final del texto de este comentario). Y veo que algunos de ellos emplean algo de sus inmensas ganancias para hacer fundaciones benéficas y remediar algunos de los males de nuestro mundo, practicando la filantropía o amor al ser humano. Con parte de su inmenso dinero, cifrado en cantidades astronómicas, como puede leerse al final de este comentario, crean fundaciones para conceder becas de estudio en el extranjero, intentan erradicar enfermedades, luchan contra la pobreza o el cambio climático, financian el estudio de tecnologías clave como el desarrollo de las energías renovables, entre otras causas. Así lo hacen Elon Musk, fundador de Tesla, SpaceX y otras compañías; Bill y Melinda Gates, cofundadores de Microsoft; Jeff Bezos, estadounidense y fundador de Amazon; Amancio Ortega, español, y fundador de Inditex y de la cadena de tiendas Zara; George Soros, estadounidense, considerado el «donante más generoso» –en términos de porcentaje del patrimonio neto.Carlos Slim, mejicano, accionista de Apple y MSN; Azim Premji, fundador de Wipro Technologies; Juan Roig, español y dueño de la cadena de supermercados Mercadona… y otros muchos más, que emplean diferentes porcentajes de su riqueza en sus respectivas fundaciones benéficas.


No alcanzo a saber cómo han conseguido estos acumular tanto dinero, ni me atrevo -aunque me lo temo- a afirmar, como decía San Agustín, que “el rico o es ladrón o hijo de ladrón”. En todo caso, tanta riqueza no puede ser sino fruto en gran parte de la especulación financiera.


Hoy ha llegado la salvación a esta casa


Zaqueo, un rico inmensamente pobre comparado con estos afortunados magnates, prometió dar a los pobres “la mitad de sus bienes y restituir cuatro veces a quienes hubiese sacado dinero”. No sé si con este gesto se volvió pobre, ni tampoco alcanzo a saber cuánto había robado para llegar a ser rico.


Lo que sí sé es que aquel recaudador, considerado pecador por “la gente de bien”, ese día alcanzó la salvación: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, le dice Jesús. Y la salvación le llegó cuando dejó de estar centrado en la acumulación de riqueza y comenzó a devolver a los pobres gran parte de lo que él acaparaba, que era justamente la causa de su pobreza. “Estaba perdido”, pero Jesús lo puso en el camino de la salvación, esto es, en la renuncia a acumular dinero y en la promesa de comenzar a compartir con los demás gran parte de lo que había acumulado, tal vez injustamente.


“Hacia una economía del bien común”

Para ello, en aquel tiempo, Jesús recomendaba vender y dar, pero esto hoy generaría más pobreza. Tal vez quien desee seguir el mensaje de Jesús o simplemente tenga un corazón compasivo y solidario, como he comentado otras veces, tendría que emplear otras fórmulas que no fuesen solo las de la simple beneficencia -aunque esta no es mala en modo alguno-, fórmulas que contribuyesen a erradicar de una vez la pobreza y a dar un trabajo digno y condiciones de educación y salud para la mayoría de la población mundial que anda en precario o bajo mínimos vitales. Hoy más que nunca es necesario que se implante una “economía del bien común” como se titula el libro de Cristian Felber (editado por Deusto 2012), cuya lectura recomiendo, expresión que ha asumido el papa Francisco recientemente en el 27 Congreso Mundial de la Unión Internacional Cristiana de Empresarios en Roma (20-22/10/2022), proponiendo hacer un pacto para mejorar el sistema económico mundial “que dé vida y no mate, que incluya y no excluya, que humanice y no deshumanice, que cuide la creación y no la explote…”. Ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre un remedio temporal para hacer frente a las emergencias. El verdadero objetivo debe ser permitirles llevar una vida digna a través del trabajo, como puerta de entrada a la dignidad del ser humano...”.


La causa de la pobreza

Porque esta inmensa acumulación de riqueza en manos de unos pocos es, en gran parte, la causa que explica la pobreza infrahumana de tantos. Por poner un ejemplo: al inicio de la pandemia, en España 4,5 millones de personas vivían ya en situación de pobreza severa (un millón más que en 2008). Era el colectivo más afectado, pero no el único. Más de 12 millones de personas sobreviven en la cuerda floja de la pobreza y la exclusión social en nuestro país.


Y si miramos a escala global, según un informe de Oxfam Intermon, en los dos años de pandemia han surgido 573 nuevos milmillonarios en todo el mundo, un hecho que supone que ha aparecido un nuevo milmillonario cada 30 horas, y los bienes de los que ya eran ricos antes de la pandemia han crecido a un ritmo de 6,8 millones de euros al día.


Sorprendentemente, para los milmillonarios, la pandemia, así como la guerra de Ucrania y el espectacular aumento de los precios de la energía y de los alimentos está suponiendo un periodo de bonanza. Y esta realidad contrasta con un claro retroceso en los logros de las últimas décadas en la lucha contra la pobreza extrema a escala global.


La riqueza acumulada: ¡Qué vergüenza!...

La riqueza total, que actualmente acumulan estos milmillonarios de todo el mundo, ya equivale al 13,9% del PIB mundial, y se ha triplicado desde el año 2000, cuando suponía el 4,4%. Las empresas de los sectores energético, alimentario y farmacéutico están consiguiendo beneficios sin precedentes. Mientras tanto, a escala mundial, las condiciones laborales de los trabajadores todavía no se han recuperado del duro golpe de la pandemia. De hecho, el efecto de la inflación es especialmente devastador para los trabajadores con salarios bajos, que también se vieron mucho más expuestos y vulnerables ante la pandemia. Lo ha sido todavía más en el caso de las mujeres, las personas racializadas y las que viven en situación de exclusión.


Debido a esta inmensa acumulación de capital en manos de los milmillonarios, casi el 60% de los países de renta baja están a punto de quebrar, incapaces de hacer frente al pago de la deuda pública. Por otra parte, lamentablemente, son ya 850 millones las personas que pasan hambre a diario, de las que 40 millones viven en Europa y algo más de millón y medio en España.


¡Qué vergüenza! Urge, por tanto, más que nunca repartir los bienes de la tierra para impedir la acumulación de tan ingentes sumas de dinero en manos de ricos milmillonarios y poner fin a las desigualdades tan insultantes en las que está nuestro mundo sumergido. No basta con dar algo de lo que se tiene para causas nobles y justas, para fundaciones benéficas. Habría que acabar con la raíz de los males de este mundo que no es otra sino el mal reparto de una riqueza, patrimonio de toda la humanidad, pero hoy desgraciadamente en manos de unos pocos, “los nuevos ricos”.


Nota:

Algunos datos sobre las fundaciones benéficas de algunos de los milmillonarios más conocidos:


-Elon Musk, magnate estadounidense de origen sudafricano y fundador de Tesla, SpaceX y otras compañías, con una fortuna de 250.000 millones de dólares, emplea parte de esta a conceder subvenciones a personas u organizaciones que se dedican a cinco áreas: investigación y defensa de las energías renovables, exploración espacial humana, investigación pediátrica, educación en ciencia e ingeniería y desarrollo de la inteligencia artificial.


-Bill Gates, cofundador de Microsoft, con su exmujer Melinda Gates, y una fortuna de más de 114.000 millones de dólares, con su fundación pretenden mejorar la atención sanitaria y reducir la pobreza extrema en todo el mundo y a erradicar la malaria y las enfermedades tropicales desatendidas.


-Jeff Bezos, estadounidense y fundador de Amazon, con un patrimonio de 138.000 millones de dólares, intenta aplicar en 10 años 10.000 millones de dólares para crear un mundo en el que los jóvenes alcancen todo su potencial y contribuyan significativamente a la sociedad; también financia iniciativas de lucha contra el cambio climático y protección de la naturaleza.


-George Soros, estadounidense, con un patrimonio neto de 8.300 millones de dólares, ha donado ya más de 32.000 millones a Open Society Foundations, lo que representa el 64 % de su fortuna original, convirtiéndolo en el «donante más generoso» –en términos de porcentaje del patrimonio neto. Este subvenciona organizaciones no gubernamentales que trabajan para construir sociedades vibrantes e inclusivas, basadas en el respeto de los derechos humanos y el estado de derecho para mejorar la cultura democrática, promover la equidad económica, apoyar programas educativos, ayudar a desarrollar medidas contra la discriminación, trabajar para garantizar que todos tengan acceso a la salud y a los derechos humanos, financiar organizaciones que defienden los derechos humanos, promover los derechos digitales y el derecho a la información, respaldar proyectos periodísticos y ayudar a que todas las personas tengan acceso a la justicia.


-Amancio Ortega, español, y fundador de Inditex y de la cadena de tiendas Zara, con una fortuna de 73.100 millones de euros, tiene en marcha diferentes actividades, como un programa anual para que unos 600 estudiantes de bachillerato completen un año académico en Estados Unidos y Canadá, financia la construcción de residencias de ancianos o realiza donaciones a organizaciones como Cáritas o incluso al sistema sanitario público español, al que ha apoyado en la renovación de equipos tecnológicos para diagnosticar y tratar el cáncer.


-Carlos Slim, mejicano, accionista de Apple y MSN, con un patrimonio de 75.000 millones de dólares, aporta parte de su dinero para realizar actividades de responsabilidad social en muchos ámbitos como la salud, la educación, la cultura o el apoyo a los desastres naturales.


-Azim Premji, conocido como el zar de la industria india de las tecnologías de la información y fundador de Wipro Technologies, con un patrimonio de 16.400 millones de dólares, promueve programas de educación y escolarización en la India.


Juan Roig, el dueño de la cadena española de supermercados Mercadona, con una fortuna de 3.700 millones de euros, fomenta el uso del deporte como forma de inculcar los valores del esfuerzo entre las personas…


Bienvenidas sean estas fundaciones, pero si no se olvida que la raíz del hambre y de la marginación en este mundo está causada, como se ha dicho antes, por el mal reparto de la riqueza, de la que se han apropiado “los nuevos ricos” en detrimento de una inmensa mayoría que pasa hambre a diario o que ha pasado a formar parte de lo que hoy se llama el “precariado laboral”, asalariados con sueldos tan precarios que no alcanzan a satisfacer las necesidades vitales de las familias.


La beneficencia no es mala; puede ser un remedio de urgencia, pero, como se ha dicho anteriormente, es necesario crear una “economía del bien común” que acabe con los excluidos del pueblo y con los pueblos excluidos; una economía que liquide la escandalosa acumulación de riqueza en manos de unos pocos y en detrimento de una inmensa mayoría. Toda una utopía por ahora, pero una meta hacia la que hay que tender para crear una sociedad alternativa a esta capitalista-neoliberal, patriarcal, sexista y colonial.


Datos tomados de las siguientes páginas webs:


Las grandes fortunas y el altruismo

https://www.revistagq.com/noticias/articulo/fundaciones-ricos-bill-gates-jeff-bezos-amancio-ortega-elon-musk-mark-zuckerberg


263 millones de personas más bajo la pobreza extrema este 2022

https://es.ara.cat/economia/263-millones-personas-pobreza-extrema-2022_1_4380655.html#:~:text=263%20millones%20de%20personas%20bajo%20la%20pobreza%20extrema%20este%202022


De los 850 millones de personas que pasan hambre, más de 1,5 viven en España

https://www.elmundo.es/elmundo/2008/05/30/solidaridad/1212150513.html




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