¿MODELO DE MUJER?

Actualizado: 26 ene

Cuarto domingo de Adviento


Primera lectura: Miqueas 5, 1-5a. Salmo entre lecturas: Salmo 79 Segunda lectura: Hebreos 10, 5-10

EVANGELIO Lucas 1,39-45


¿MODELO DE MUJER?

19 de diciembre de 2021

Lateral de la Basílica de la Anunciación. Nazaret


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39 Por aquellos días María se puso en camino y fue a toda prisa a la sierra, a un pueblo de Judá; 40 entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Al oír Isabel el saludo de María, la criatura dio un salto en su vientre e Isabel se llenó de Espíritu Santo. 42 y dijo a voz en grito:

¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! 43 y ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? 44 Mira, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre. 45 ¡Y dichosa tú por haber creído que llegará a cumplirse lo que te han dicho de parte del Señor!


Durante muchos años, en libros y devocionarios, en sermones y prédicas, desde púlpitos y ambones, se ha propuesto a María, -madre, pero virgen-, como modelo de mujer. Sus virtudes domésticas, su virginidad, su sencillez y sumisión a la voluntad de Dios y a su esposo se divulgaban a los cuatro vientos para que todos ‑en especial las muchachas de tierna edad‑ miraran hacia ella e imitaran el modelo.


No ha pasado mucho tiempo desde que párrafos como el que voy a transcribir, sacado de un libro de meditaciones, alimentaran la espiritualidad de jóvenes y mayores. Decía así: “María es modelo de mujer. ¡Qué amor al retiro de su casita! Si sale de su casa es por caridad, como en la Visitación, o por espíritu de obediencia, como ir a Belén, a Egipto o al templo de Jerusalén. Nunca emprende viajes por puro pasatiempo. Contémplala en la calle y observa su recogimiento interior, manifestado en la modestia de sus ojos y de todos sus ademanes. Persuadida de que es templo de Dios, no se disipa con el trato social. Finalmente, mírala en las ocupaciones de su casa: aún en los días de ahogo, de mucho trabajo, cómo sabe santificarlo con la presencia de Dios, que ni por un momento pierde...


Cuando yo era niño, páginas antológicas como esta llenaban los libros de meditaciones para fieles devotos, proponiendo un modelo de mujer válido, tal vez, para el pasado, para los tiempos en que la mujer tenía por marco de vida su casa, y por única norma la obediencia y sumisión al marido, trayendo al mundo “los hijos que Dios quisiera”, que vaya usted a saber si Dios lo quería o no...


Y yo me pregunto: ¿De dónde sacaron los predicadores y teólogos tantos detalles de la vida privada de María si en los evangelios no se nos dice casi nada de ella. Pura imaginación febril de predicadores.


Por otro lado, una falsa interpretación historicista –cargada de una buena dosis de imaginación- de las contadas páginas evangélicas, dedicadas a María, la presentó como la mujer que estuvo siempre bien informada, con hilo directo celestial, con plena conciencia desde el primer momento de lo que en sus entrañas se gestaba; con una clarividencia que hacía de su fe en Dios una evidencia más que una búsqueda entre oscuridades, como es la fe de todos los humanos que se introducen por los senderos del evangelio. Se proponía así imitar a María, copiar ese modelo, y trasladarlo a la vida de cada día.


Dado el auge del feminismo en nuestro mundo y de la conciencia que la mujer tiene hoy de sí misma, este modelo es –debe pasar a ser, porque todavía no lo es- una reliquia del pasado. Porque lo que hubiese en María de inculturación en una sociedad y tiempo ya pasados no debe seguir siendo imitado. En aquella sociedad la mujer no se situaba en paridad de derechos y deberes con el varón, ni tenía acceso -salvo rarísimas excepciones- a la vida pública. La virtud distintiva de la mujer, heredada de la cultura helenística, fue durante siglos el pudor; la del hombre, el honor. A ella pertenecía la vida privada; al varón, la pública. Hasta el léxico da testimonio de esto: una mujer pública se identifica con una prostituta; un hombre público es aquel que tiene presencia e influjo en la vida social. “Al hombre pertenecían conceptos como como «revolución», «política», «organización», «activismo» o «militancia», mientras que para las mujeres quedaban los «cuidados», «la reproducción», «la vida y los afectos»”.


En tiempos de Jesús, la mujer se definía como esposa y madre, -en el caso de María como esposa, madre y virgen, más difícil todavía-‑, debiendo desarrollar su trabajo, sola y exclusivamente en el ámbito familiar y casero, a la sombra del varón.

¿Podemos seguir hoy llamando a María “modelo de mujer”?


Sí, pero si no la tomamos como modelo estático, como algo que hay que reproducir al pie de la letra. Dicho de otro modo, María es modelo de mujer no tanto por la situación concreta socio‑cultural que vivió, esto es, por su modo de vida ‑perteneciente ya al pasado, irreproducible en el presente-, sino porque, por los pocos datos que tenemos de ella en los evangelios, supo asumir las circunstancias que le tocaron en suerte vivir y sufrir hasta la muerte en cruz de su hijo, Jesus de Nazaret.


Isabel, su prima, dio en la clave: “Dichosa tú porque has creído. Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 45,1). María es modelo de creyente que da una respuesta a Dios en su ambiente y en su tiempo.


El modo de esa respuesta tiene que ser hoy distinto de ayer. Los tiempos han cambiado.


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