No a la Ley del Talión

Actualizado: 17 feb

Séptimo domingo del tiempo ordinario


Primera lectura: 1 Samuel 26,2. 7-9. 12-13. 22-23 Salmo responsorial: Salmo 102 Segunda lectura: 1 Corintios 15,45-49 EVANGELIO Lucas 6, 27-38


No a la Ley del Talión

20 de febrero de 2022

Paisaje junto al lago de Galilea.


Nota: Si prefieres oír el texto del comentario que sigue, haz click aquí.


Ahora bien, a vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os maltratan. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica; a todo el que te pide, dale, y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. O sea, tratad a los demás como queréis que ellos os traten.


Pues si queréis a los que os quieren, ¡vaya generosidad! También los descreídos quieren a los quiere. Y si hacéis el bien a los que os hacen el bien ¡vaya generosidad! También los descreídos lo hacen. Y si prestáis sólo cuando pensáis recibir, ¡vaya generosidad! También los descreídos se prestan unos a otros con intención de recobrar lo prestado. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; así tendréis una gran recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bondadoso con los desagradecidos y malvados.


Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no os juzgarán, no condenéis y no os condenarán, perdonad y os perdonarán, dad y os darán: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante; pues la medida que uséis la usarán con vosotros.


En la primera parte del sermón de la llanura del evangelista Lucas, Jesús, dirigiéndose a los discípulos, Jesús les propone dos horizontes de vida: uno de felicidad o bienaventuranza, dirigido a los pobres, y otro de desdicha e infelicidad dirigido a los ricos, invirtiendo de este modo los valores de la sociedad. A una situación presente (pobreza/riqueza) corresponde la contraria en el futuro. Los pobres sufren, pero en la nueva sociedad o reino de Dios saldrán de esa situación; eso sí, el cambio no será por arte de birlibirloque, sino mediante la práctica del mensaje de Jesús. Los ricos se desentienden de ese dolor, al excluirse del reino de Dios o sociedad alternativa, y su futuro será la miseria y el llanto. Jesús anuncia, por tanto, una inversión de la situación social, pero no por la violencia ni por la imposición.


¿Cómo nacerá esta sociedad alternativa o sobre qué base se cimentará la convivencia de sus seguidores? La base no puede ser otra que el amor generoso y universal, incluso a los enemigos.


Con frecuencia se ha dicho que la norma del cristiano respecto a los bienes terrenales es compartir: partir el pan con el pobre, con el hambriento, con el necesitado; compartir y no acaparar, de modo que, como en el relato del reparto de panes –mal llamado multiplicación de panes- que hizo Jesús (Lc 9,10-17), haya para todos y sobre.


Sin embargo, este mensaje del “compartir” es más propio de la escuela de Juan Bautista, que propugnaba una sociedad más justa, una justicia más distributiva: “El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene, y el que tenga de comer, que haga lo mismo” (Lc 3,11).


La utopía de Jesús va más allá y está expresada en el texto que leemos hoy, que no ha sido siempre bien entendido: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian” (Lc 6,27-28).


Atrás queda “la ley del talión”: “Ojo por ojo, y diente por diente”, que hizo progresar el derecho penal de la época, pues evitaba que la gente se extralimitase con la venganza; según esta ley, la medida de la venganza debía ser idéntica a la de la ofensa. Atrás queda también la fórmula veterotestamentaria de “amarás al prójimo como a tí mismo”, que ojalá se convirtiese en norma reguladora de las relaciones humanas.


Pero la utopía de Jesús no se queda ahí, va más allá: “Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A todo el que te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames...” (Lc 6,29-30).


Según esto, la propuesta de Jesús sobrepasa el compartir: consiste en dar y darse hasta quedarse sin nada, si fuese necesario. Compartir es de estricta justicia; dar hasta quedarse sin nada es propio de quien ha superado los viejos cánones y ha sustituido la justicia, como patrón del comportamiento humano, por el amor, la compasión y la misericordia como único mandamiento, como el mandamiento nuevo (si es que esto se puede mandar): “Amaos como yo os he amado”, esto es, hasta perder, si fuese necesario, lo que más queremos, la vida, para darla “a y por” los demás. Para Jesús este es el mejor camino para llegar a “ser hijos del Altísimo, que es bondadoso con los desagradecidos y malvados y que invita a ser compasivos como Dios es compasivo”.


Con esta medida de “amor sin medida”, el cristiano anuncia que es posible otro mundo dentro de este viejo mundo de odios y egoísmos.


Por desgracia este fragmento del evangelio se ha entendido a veces tan al pie de la letra que se ha deformado su significado. No se trata de hacer el tonto fomentando la delincuencia, dejando que nos atropellen impunemente: “Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica; al que se lleve lo tuyo no se lo reclames””… No se trata de poner en práctica al pie de la letra las palabras de Jesús, sino de llevar a la vida de cada día la enseñanza que contienen, a saber: el discípulo de Jesús debe sorprender al prójimo con más de lo que éste espera de aquél, debe dar más allá de lo exigido, debe perdonar más allá de lo soñado, debe tratar a los demás, en definitiva, con el infinito amor y comprensión con que nos tratamos a nosotros mismos; más aún, con el amor sin límite que demostró Jesús. “Amaos como yo os he amado.”


Este es el núcleo del evangelio, una utopía a la que hay que tender, una praxis en la que siempre es posible dar más, entregarse más, amar más; un camino en el que “pasarse” es mucho mejor que no llegar. Con palabras concretas, Jesús expone una doctrina universal: ser su discípulo consiste en darse, entregarse hasta quedarse sin nada: “al que te quita la capa” (ropa de abrigo),” dale también la túnica “ (vestido).


De este modo, el discípulo alcanzará la madurez humana y, con ella, la dicha y la felicidad. Al fin y al cabo, esto es lo que enseño Jesús: un camino de felicidad y dicha a través de la entrega al otro.


Escribiendo esto se me viene a la cabeza el ambiente tan envenenado de intransigencia y de odio que se vive a diario en nuestro Parlamento español por parte de un sector de los políticos, donde al contrincante –que suele considerarse no adversario, sino enemigo- no se le escucha, y se le niega el pan y la sal antes de abrir la boca para exponer su discurso. La democracia, así entendida, convertida en diálogo de sordos, está siendo gravemente distorsionada desde que se ha colocado la consecución del poder a todo coste por objetivo principal y el bien del partido por encima del bien del pueblo. Con tal de conquistar el poder, al político de turno se le permite todo: el insulto, la calumnia y la difamación del otro, adobado todo esto con un lenguaje maleducado, impropio del Congreso de los Diputados, donde, al menos se deberían guardar las formas. Mal ejemplo por parte de los políticos para nuestras generaciones de niños y jóvenes que contemplan a diario ese lamentable espectáculo. Ojalá que no imiten ese comportamiento tan inhumano y visceral. Y como a ellos no les vamos a pedir en modo alguno que sigan el mensaje de las bienaventuranzas de Jesús, al menos espero que oigan –que oigamos todos- a Ricardo Darín, leyendo un monólogo que escribió e interpretó Charles Chaplin en “El gran dictador”, y que me ha llegado por whatsapp estos días. Un tajante no a la Ley del Talión, de la venganza y del odio. Mensaje que puede considerarse como una versión laica del sermón de las bienaventuranzas de Jesús que leemos hoy. Al fin y al cabo, la propuesta de Jesús es de felicidad para aquí abajo y desde ahora ya.


Y lo que nos hace felices es la misericordia, la compasión, la solidaridad y el amor incluso al enemigo, alejando de nuestro corazón esa semilla de odio, que mina la convivencia humana.


“No desesperen. El odio pasará. No se rindan. Vds. no son máquinas, no son ganado humano. Son seres humanos y llevan en sus corazones el amor de la humanidad. Unámonos. Luchemos por un mundo nuevo… Luchemos para liberar al mundo… para acabar con las barreras, con la codicia, con el odio y la intolerancia. Luchemos por un mundo en el que la ciencia y el progreso conduzcan a la felicidad de todos, Unámonos. Unámonos todos”.


He aquí el texto del fragmento del mensaje leído por Roberto Darín:

https://www.youtube.com/watch?v=_Nl2EvQwItY


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