¡No al poder una vez más!

Actualizado: 9 mar

Segundo domingo de cuaresma


Primera lectura: Génesis 15, 5-12. 17-18. Salmo responsorial: Salmo 26 Segunda lectura: Filipenses 3, 17-4, 1

EVANGELIO Lucas 9, 28-36


¡No al poder una vez más!

13 de marzo de 2022

Santuario de la Transfiguracion en el Monte Tabor.


Nota: Si prefieres oír el texto del comentario que sigue, haz click aquí.


Ocho días después de este discurso se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió al monte a orar. Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos reful­gían de blancos. En esto, se presentaron dos hombres que conversaban con él: eran Moisés y Elías, que se ha­bían aparecido resplandecientes y hablaban de su éxodo, que iba a completar en Jerusalén. Pedro y sus compa­ñeros estaban amodorrados por el sueño, pero se espabila­ron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

-Jefe, viene muy bien que estemos aquí nosotros; po­dríamos hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

No sabía lo que decía. Mientras hablaba, se formó una nube y los fue cubriendo con su sombra. Al entrar en la nube se asustaron y hubo una voz de la nube que decía:

-Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadlo a él.

Al producirse la voz, Jesús estaba solo. Ellos guarda­ron el secreto y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.



El evangelio que hemos reproducido es un texto lleno de imágenes y símbolos. Voy a comentarlo a vuelo de pájaro porque llevaría mucho tiempo hacerlo con más detención:


Pasaron ocho días

El número seis es el número de los días de la creación; siete, el día del descanso de Dios tras esta; el ocho, en los evangelios, representa la nueva creación o el mundo definitivo que se inaugura con la resurrección de Jesús. Y esto es lo que se anuncia en este texto.


Después de este discurso…

El discurso al que se refiere el evangelista se encuentra inmediatamente antes del texto que comentamos (vv. 23-27) en los que Jesús expone las condiciones para ser discípulo: El que quiera venirse conmigo –dice Jesús-, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y entonces me siga; porque si uno quiere poner a salvo su vida, la per­derá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, ése la pondrá a salvo”. “Negarse a sí mismo” no es hacer penitencia o sacrificios corporales como se ha entendido, sino renunciar a toda ambición de prestigio y poder, para vivir centrado en el cuidado a los demás. “Cargar con la cruz cada día” es aceptar la hostilidad de la sociedad hacia los que han elegido la renuncia al poder como Jesús, que dice: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser rechazado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados y sufrir la muerte, y, al tercer día, resucitar. Estos son los pasos necesarios para resucitar. Nada más ajeno al deseo de poder y de dominación.


Se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago

De los doce, Jesus se lleva aparte a estos tres discípulos por no entender a Jesús y que necesitan, por así decirlo, clases particulares intensivas para comprender el plan de su maestro, consistente en dar la vida para dar vida. Se trata de los tres primeros discípulos, junto a Andrés, a quien no se le nombra, a los que Jesús llamó. Al primero representante de los doce, Jesús le pone el apodo de Pedro, esto es, “piedra”, “cabeza dura”, podríamos decir hoy. Tan es así que este llega a llamarlo “Satanás” por oponerse fuertemente a la decisión de Jesús de subir a Jerusalén donde había de morir ( Mc 8,32-33). A los otros dos discípulos, Jesús los apellida “Boanerges”, es decir, “hijos del trueno o truenos”, esto es, “autoritarios”, diríamos hoy, por su carácter violento, pues en una ocasión en la que los vecinos de una aldea de Samaría se negaron a recibir a Jesús, se dirigieron a este diciéndole: -Señor, si quieres, decimos que caiga un rayo y los aniquile (Lc 9,54), cosa que había hecho el profeta Elías por dos veces con los enviados de Ocozías, rey de Samaría (2Re 1,10-12). Los tres discípulos alientan aspiraciones de poder. Juan y Santiago, además, pidieron a Jesús sentarse “el día de su gloria”, uno a su derecha y otro a su izquierda (Mc 10,37), como primeros ministros de un mesías entendido en clave político-militar. Ambos esperaban que Jesús ocupase el trono de Israel y solicitaron para ello los primeros puestos.

A estos tres discípulos los separa Jesús del grupo, para que comprendan cuál es su misión.


Subió al monte a orar

En el evangelio de Lucas, siempre que está en juego alguna decisión importante, Jesús sube al monte a orar (cf 3,21; 6,12; 9,18). El monte, con artículo, pero sin otra determinación, es el nuevo lugar donde Jesús dialoga con su Padre. Este monte se opone al Monte Sión, donde se encuentra el templo de Jerusalén, convertido en cueva de bandidos, donde nunca ora Jesús.


“Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos reful­gían de blancos. En esto, se presentaron dos hombres que conversaban con él: eran Moisés y Elías, que se ha­bían aparecido resplandecientes y hablaban de su éxodo, que iba a completar en Jerusalén”.

La escena está marcada por la luz y el color blanco, señales de la presencia de Dios: “vestidos refulgentes de blanco”, “Moisés y Elías resplandecientes”. Y de lo que hablan estos dos grandes personajes del AT es del éxodo de Jesús, esto es, de su próxima muerte en Jerusalén como éxodo o salida hacia la resurrección en Galilea, lejos de la institución judía que llevaba al pueblo a la muerte y lo alejaba de Dios.


Amodorrados por el sueño

Pero este éxodo-muerte de Jesús no interesa a los discípulos. Dice el evangelista que Pedro y sus compañeros estaban amodorrados por el sueño. Estos se dormirán también por tres veces en el Huerto de Getsemaní, justo antes de la pasión (Mt 26,37-45). Solo escuchan lo que les interesa. El tema de la muerte como camino hacia la vida, o de un mesías que no sea ni político, ni poderoso no les resulta atractivo. Solo se espabilan cuando ven la gloria, en la que quieren quedarse definitivamente y, por eso, Pedro propone a Jesús hacer tres tiendas: una para este, otra para Moisés, y una tercera para Elías. Quedarse en la gloria, en el triunfo, es lo que pretenden, pero situando a Jesús en el mismo plano que las grandes figuras de Israel. Tres chozas es una alusión a la Fiesta judía de las Chozas o Tabernáculos, de marcado carácter político-mesiánico y que rememora el paso de los israelitas por el desierto.


Pero dice el evangelista que Pedro no sabía lo que decía, justo en el momento en que “se formó una nube y los fue cubriendo con su sombra. Al entrar en la nube se asustaron y hubo una voz de la nube que decía: -Este es mi Hijo, el Elegido. Escuchadlo a él”.


Los discípulos nunca se han interesado por la suerte de Jesús, por no coincidir con sus intereses. La “nube”, sin embargo, símbolo de la presencia divina, los envuelve, pero entran en ella asustados y van a recibir una verdadera lección –la que no quieren escuchar-: Este es mi Hijo, el Elegido. ¡Escuchadlo a él! (9)5). Han llevado la contra a Jesús cuando éste les hablaba del más que previsible fracaso del Mesías; se han hecho los sordos cuando Moisés y Elías conversaban con Jesús sobre su precipitado éxodo o muerte; han transigido hasta constituir una troica de poder, asignando a Jesus un papel importante, pero al mismo nivel de Moisés y EIías. Pero no. Según la voz del cielo es a Jesús, el modelo de hombre, y no a Pedro y los discípulos a quien hay que escuchar.


Sorprende que el evangelista diga que, cuando cesó la voz, Jesús estaba solo. Ninguno de los tres discípulos pueden comprenderlo. Jesús se queda solo; más tarde lo abandonarían todos. Un Mesías que fracasa es igual a decir que, humanamente, no hay solución -ni por lo que se ve tampoco desde la omnipotencia de Dios-, ya que el Mesías esperado de siglos, cuando se presenta, no tiene fuerza ni poder para derrotar a los poderosos. Jesús acepta este camino estrecho, sin vistosidad, impresentable. Y lo recorre solo, asumiendo la impotencia de Dios que no evita su muerte. Está tan solo porque ha optado por el no-poder, por el servicio hasta dar la vida.


Y llama la atención ver cómo termina esta escena: Ellos guarda­ron el secreto y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. Tal vez porque Pedro, Juan y Santiago no quieren que otros sepan lo sucedido, no sea que se contagien y cambien de idea.


Jesús, que había renunciado a la tentación del poder en el “desierto”, esto es, “en su vida”, estaba convencido de que la palabra “poder” no entraba en su vocabulario, ni debía entrar en el de sus discípulos. Lo suyo fue servir, pasar curando a los enfermos y anunciando un mundo de hermanos y no de lobos. Creía que el poder corroe y distancia del pueblo, creando sumisión y esclavitud.


Lo estamos viendo estos días. El poder -absoluto y a gran escala- de Putin, un jefe de gobierno, dictador y criminal, produce ríos de sangre y una cadena irremediable de heridos y muertos junto a una ola de inmensa destrucción. Creo que no hay razón alguna que justifique esta invasión militar iniciada por Putin, que está conduciendo al pueblo de Ucrania a la muerte, hablando el devastador lenguaje de un inmenso ejército armado que pone, al mismo tiempo, a toda la humanidad al borde del precipicio, dado el tipo de armamento de que dispone. “David contra Goliat”: ¿Vencerá como en el relato bíblico el más débil? Una invasión militar sin el menor atisbo de compasión hacia esas columnas de personas, principalmente mujeres y niños, que huyen despavoridas, buscando salvar la vida propia y la de los suyos, o de esas otras que pasan las noches en los refugios, atemorizadas por el estampido de las bombas, o de esos soldados ucranianos que tienen que empuñar las armas para defender su vida y su libertad.


Demos un “no” rotundo a este modo de ejercer el poder y a esta invasión militar, que también causará, sin duda, innumerables tragedias en las filas del ejército invasor.


Debe quedar claro que, a la luz no solo del evangelio, sino del sentido común, no hay razón alguna que justifique esta invasión de consecuencias insospechadas. Más aún, no hay ninguna razón que legitime la guerra. Son el diálogo y la diplomacia, mediando los organismos internacionales, los que deben resolver estos conflictos entre países, de los que ha habido ya demasiados en el mundo desde el siglo pasado hasta hoy, en gran parte silenciados.


Puede verse una larga y espeluznante lista de conflictos armados en el mundo: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Guerras_y_conflictos_actuales#Guerras_actuales


Recomiendo también oír las palabras de Francisco sobre la invasión de Ucrania (27-02-2022): https://www.youtube.com/watch?v=EhuSbrzDdFM


Jesús se negó a seguir el camino del poder, así como el uso de las armas y la violencia, camino que le costaría mucho trabajo seguir a Pedro, Santiago y Juan, pues uno de ellos –en el evangelio de Juan nada menos que Simón Pedro- llegó incluso a usar su machete cuando Jesús fue detenido en el Huerto de los olivos. Dice el evangelista Mateo que uno de los que estaban con él tiró de machete y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: -Vuelve el machete a su sitio, que el que a hierro mata a hierro muere (Mt 26,51-52).


¡Basta ya de armas…! Las armas matan y crean una cadena de odio y de violencia que genera tragedias familiares, innumerables heridos, muertes sin fin y destrucción por doquier.

Pero de todo esto –que conste- son cómplices especialmente quienes las fabrican, haciendo negocios con ellas como condenó sin ambigüedades el Papa Francisco en Junio de 2017:


https://www.youtube.com/watch?v=RY_eYE2HeGc


Un negocio de armas en el que España desempeña también un papel importante, situándose, según Amnistía internacional, en el último quinquenio como séptimo país exportador mundial de armas tras Estados Unidos (37% del total), Rusia (20%), Francia, Alemania, China y Reino Unido.

https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/espana/armas/#:~:text=Espa%C3%B1a%20se%20ha%20situado%20en,no%20llegaba%20a%201.000%20millones)

Digamos, una vez más y para siempre: “NO AL PODER, NO A LAS DICTADURAS, NO A LAS ARMAS, NO A LAS GUERRAS...

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